Olvidarse de escribir, se sentir.
Olvidar los quejidos del corazón.
Olvidarse de esos momentos tan agradables, tan dolorosos, que hacen que quincena tras quincena uno recobre las fuerzas para hacer otra carrera, otra maratón.
Olvidarse de la tensión en el cuello, de la presión en la espalda. Olvidarse de los dolores de cabeza, de sus quebraderos. De esas batallas entre la perfección y la excelencia.
Olvidarse de lo trivial, banal. De los ratos muertos, de las horas invertidas en nada.
Olvidar el soñar, el querer y crecer. Olvidarse de vivir.
Olvidar que la parte no es el todo.
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Se prudente, se valiente, se inteligente.