Hola, dijo Ethos. Buenos días, respondió Pathos. Saludos, sentenció Logos.
Aquí me tienen, sentado frente a mi hermosa taza roja leyendo el correo matutino. No sé a ustedes, pero entre tanta factura y anúncio amarillista, uno se alegra de recibir buenas noticias de vez en cuando. Resulta que mi amigo Ari - para gustos, colores - no hace mucho se fue de viaje. Me pregunto por dónde andará, a él que le gusta tanto la montaña y el pasear.
Hoy me espera un día largo en el trabajo, así que mi esposa ya vuelve a poner cara seria y hablar por los codos. Qué mujer, ¿A quién no le gusta el café? Además, yo siempre le pongo un poco de canela, algo aprendido en mi estimado México y que me alegra el día. Supongo que el haber mordido mi primera rama a mi tierna infancia tiene algo que ver.
¿Saben que mi abuela fue pintora? Mi mujer se empeñó en comprar todos los cuadros, bendita sea ella. A mi no me hacen falta, pero insistió tanto que no pude negarme y tuve que acceder. Menos mal que fui previsor, he podido retirar aquel depósito y hacerle un regalo. Mi abuela diría No hay mal que por bien no venga. Debe ser la edad, cada día le doy más la razón y eso que siempre la critiqué.
Tengo que proponerle a Mina el hacer una visita a Ari, ahora que está de viaje. A ella le encanta ver mundo, y es su mejor amigo. Así aprovecho para visitar algunos museos y curiosear por la zona. Espero encontrar uno de arte contemporáneo. Yo no entiendo de eso, pero parece ser que ella sí. Eres un superficial, diría. En el fondo me encanta como es, y la respeto. ¿Tanto cuesta decir las cosas claras? Cuando yo hablo, la gente me entiende. Lo que me enamoró de ella fueron sus largos tirabuzones dorados, sus ojos azul turquesa, su sabiduría y su terquedad. Tuve que tener mucha paciencia para aprender a leer todas sus indirectas e insinuaciones constantemente, siempre con un plan para todo. Menos mal que Ari ya me avisó. Después de todo, es una buena persona que sus menos y sus más ha pasado. Apestamos a enamorados, como dice él, y esta nimiedad duda mucho nos hunda. Aunque torres más altas han caído, añado yo.
Hablando de nimiedades, hoy tengo reunión con el director. Se supone que mañana vienen los informáticos a instalar el servidor. No entiendo muy bien qué hago en medio de tanto científico, yo que soy más de letras. Pero si el jefe lo pide, por algo será. No por nada le agradecen a uno su artículo sobre la procrastinación con semejante regalo. En la editorial, nuestro jefe es muy jefe. Espero que traigan algo para almorzar, como suelen hacer siempre que vienen, así puedo charlar con la secretaria mientras tomamos el café matutino.
